Visita al “Hospitalillo de los Anises”

Detalle entrada Instituto Homeopático y Hospital San José. Por Pedro CriadoEl “Hospitalillo de los Anises” tiene soles, lunas y estrellas en los pies derechos de su fachada solana a mediodía. Los rojos, malvas y azules de la reciente restauración de Ignacio de las Casas y Emilia Checa, cuando estaba a punto del ocaso, parecen potenciar esta simbología cósmica, labrada durante el orto de la homeopatía en Madrid. Tras la figura de San José, que recibe al visitante, se emboza en los arbustos del jardín la tumba del impulsor de la Fundación, aquel benaventano de imagen contradictoria que vigila la permanencia de su impulso. Y la vigilancia parece dar sus frutos, pues la institución permanece, y se respira renacer y entusiasmo en su equipo rector personificado en la figura de Félix Antón Cortés, patrono, secretario, defensor de espurios ataques en nuestros días y atento y eficaz divulgador de la imagen del Homeopático.

Llegamos peregrinos de la memoria familiar, tras la noticia y los espacios del abuelo, del bisabuelo, del tío, del tioabuelo. Llegamos con la carga de cariño de lo familiar y propio, algo adobada con el racionalismo alópata recibido del padre y abuelo más cercano en el tiempo. Nos recibe María, simpática y eficaz, interesada en cumplir el encargo de su jefe. Nos recibe en el estupendo edificio de Rodríguez Ayuso, en el que hoy día se desarrolla la actividad médica y se ha instalado un pequeño museo del Instituto. Luego nos pasea por el edificio de José Segundo de Lema, hoy en uso compartido con la Universidad de Alcalá, la que dejó de ser Complutense. Vamos encontrando huellas de nuestros abuelos en el discurrir de los ciento treinta y cinco años de la institución.

Detalle homenaje al Dr. N. Nicolás en la Capilla del IHHSJ. Por Pedro CriadoSiempre he imaginado a mi bisabuelo Nicolás llegando en tranvía a la glorieta de Quevedo, desde su casa en la calle de Toledo esquina con la plaza de la Cebada, junto a lo que fue el Hospital de la Latina. Aquella glorieta de Quevedo presidida entonces por la estatua de Lope de Vega. Los munícipes madrileños siempre han ido heredando el afán por cambiar de aires a los prohombres, y no fue hasta 1963 que la estatua de D. Francisco, que hizo Agustín Querol, llegase a la plaza de su nombre, desde la cercana dedicada a Alonso Martínez. Y en el ínterin entre D. Lope y D. Francisco, los Héroes del Dos de Mayo, de Aniceto Marinas, hoy en Rosales, sentaron plaza en esta glorieta. Por aquel entonces ya estaban clausurados y ruinosos los cementerios inmediatos a la plaza, que en tiempos más remotos llegó a llamarse plazuela del cementerio, por el Gral. del Norte, que ocupaba la actual zona de Arapiles, donde en 1901 se levantaron las cocheras de los tranvías, demolidas en los años sesenta. Al otro lado de la glorieta de Quevedo, al sur del Paseo de la Habana (calle de Eloy Gonzalo desde 1897) ya estaba consolidado el barrio de Chamberí, donde años después fueron a vivir mis abuelos, en la calle Juan de Austria, donde nació quien esto escribe.

Los últimos años de su vida Nicolás, mi bisabuelo, los pasó en Pobladura del Valle, junto a San Adrian del Valle, su pueblo natal en León. Durante toda su vida pasó el tiempo que podía en Pobladura, en una casa que recibió de sus padres, donde murió en 1943 y donde está enterrado.

Hoy le hemos conocido un poco más, recorriendo los espacios en los que trabajó.Cecilia Juárez García en el IHHSJ

Pedro Criado Juárez

Octubre 2012

En la imagen Cecilia Juárez García, nacida en 1918. Nieta del Dr. D. Nicolás Juárez Prieto, hija del Dr. D. José Juárez Cejudo (alópata) y sobrina del Dr. D. Nicolás Juárez Cejudo

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