Alejandro Soler y Durán

Entre el amplio colectivo de donantes, figura uno -surgido como por azar en el proceso de las investigaciones homeopáticas- que, por otros motivos, ha atraido poderosamente la atención del autor de este trabajo. Se trata de un curioso e interesante personaje que a través de estas listas aparece, accidentalmente y como sin mayor  relación, en el ámbito homeopático español y cuya memoria creo debemos recuperar:

ALEJANDRO SOLER Y DURAN

En el transcurso de una búsqueda de documentación homeopática realizada en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, se localiza una obra titulada “La verdad en medicina al alcance de todos, por un observador de los diferentes métodos curativos”, de autor anónimo, escrita en español e impresa en París en el año de 1888, en la Imprenta de Alcan Levy[10].

El autor, que no es médico, acredita un gran conocimiento de los homeópatas españoles de la segunda mitad del siglo XIX. En la introducción de la obra manifiesta:

“Mucha sorpresa les causará a mis lectores al hacerles saber que no soy médico y que sin embargo me permita escribir de medicina, si bien no soy del todo ajeno á ella; mas no es mi ánimo indicar los remedios para curar los males, porque soy demasiado lego en la materia, y si voy á juzgar los métodos curativos puestos en práctica, es debido á confidencias que me han hecho algunos médicos, á confesiones que he podido arrancar á mas de uno, y á un espíritu de observación que me permite decir no tienen todos, y que quizá lo revele este libro; y si á pesar de eso se me tachase de falta de autoridad, en cambio tendría la ventaja de la imparcialidad, de que podría carecer si fuese médico…

No omitiré decir, que si no firmo mi obra, ni saco de ella más que tres ejemplares para que circulen entre un cierto número de amigos, y de los que no rehusan ver la luz, es porque de antemano sé que si escribiese para el público daría lugar á polémicas odiosas, como ha sucedido siempre que se ha hablado de Homeopatía á los alópatas. Estos señores han contestado siempre con burlas ó improperios, y como éstos no son razones, la determinación que he tomado me ha parecido la más cuerda…”.

El hallazgo accidental de este libro se debe al hecho de insertar, al final y como anexo, una de las Cartas críticas, publicadas por el Dr. Anastasio García López, con el pseudónimo de “El mismo”, circunstancia recogida en la correspondiente ficha bibliográfica y motivo de su consulta[11].

Llama la atención el gran costo que supone el anuncio del autor de imprimir sólo tres ejemplares, si bien se localizan, siempre en la misma Biblioteca, seis ejemplares, con numerosas correcciones manuscritas del autor, cuyos herederos siguiendo sus instrucciones, a su fallecimiento, publicaron una segunda edición en Segovia, en 1899, en la que ya figura el nombre del autor y se han suprimido buena parte de las citas personales que contenía la primera edición. Uno de estos ejemplares está lujosamente encuadernado y lleva estampado el sello de la Casa Real en su portada.

Alejandro Soler Durán figura en la lista de inscritos para el Congreso Homeopático celebrado en París en agosto de 1889 [12], en el que participaron los Dres. Sabater y Sanllehy, de Barcelona; los Dres. Tomás Pellicer Frutos y Anastasio García López presentaron una memoria sobre “Propagación, enseñanza y hospitales homeopáticos en España” y se dió lectura a otra enviada por el Dr. Hipólito Rodríguez Pinilla sobre “La Terapéutica homeopática y sus relaciones con la terapéutica general”.

No se tienen referencias del origen de la relación de Alejandro Soler con la homeopatía española y, según se avanzaba en la búsqueda, surgían circunstancias imprevistas y casi novelescas que, si bien se alejaban del fin propuesto, aumentaban el interés por saber algo mas…

Alejandro Soler Durán nació en Madrid el 21 de noviembre de 1813, fue bautizado en la Parroquia madrileña de San José y durante parte de su vida fue conocido también bajo el nombre de Leandro Daoíz y Solís; tuvo su domicilio en la Costanilla de los Angeles, número 2, en donde falleció el 23 de mayo de 1895, a los 81 años de edad, y está enterrado, con gran sencillez, en la Sacramental de San Lorenzo[13].

Según citan las crónicas necrológicas publicadas[14]:

“…fue una persona generosa que en sus disposiciones testamentarias ha demostrado los sentimientos caritativos de toda su vida.

Lega unos tres millones de reales a diferentes familias y a establecimientos benéficos, habiendo procurado que este importantísimo beneficio se disfrute por aquellas personas cuya necesidad sea bien notoria. Entre las mandas hay una de 25.000 pesetas para el desempeño de prendas, cuyos préstamos no lleguen a 12 pesetas cada uno.

Poseido dicho señor de ardiente entusiasmo hacia la persona de Su Majestad la reina regente, y quizás teniendo en cuenta que una parte de su fortuna procedió de alguna persona de la real familia, dispone que el remanente de sus bienes quede a favor de dicha excelsa señora y de sus hijos cuando ocurra su fallecimiento…

Se dice, también, que: …sus testamentarios hicieron entrega de un retrato del difunto, y que al efecto y con especial encargo había dejado, pues fue tal su desinterés al hacer su testamento, que dudaba si tendría el honor de ser conocido de S. M. la reina regente”.

Si bien figura como hijo de una dama de la alta sociedad madrileña, duquesa de Z. por matrimonio, el examen de diversos documentos notariales localizados inducen a atribuirle la condición de madre putativa y, además, la forma paritaria en que acaba compartiendo una importante herencia con la Condesa de Chinchón, hija del Príncipe de la Paz, tras la intervención de la Duquesa viuda de San Fernando de Quiroga[15], mueven al autor de este trabajo a pensar que tal vez no sea aventurado esbozar la hipótesis de que Alejandro Soler y Durán, realmentefuese hijo de algún miembro de la familia real o de Manuel Godoy. Interesante vía de investigación que por ahora queda abierta…

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